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17 feb. 2008

Reventados por el amianto


Afectados del País Vasco reclaman compensaciones económicas. «Nadie nos avisó del peligro», se quejan




Maite Fresnedo, Gregorio Relloso, Begoña Vila con la foto de su esposo muerto, Eusebio Pabola y José María Díaz, en Bilbao. / L. A. GÓMEZ

Hasta 25.000 trabajadores vascos han estado en contacto con el amianto durante las tres últimas décadas. Uno de cada tres podría morir prematuramente durante los próximos años víctima de un cáncer de pleura asociado a una prolongada exposición a este nocivo componente, que produce en el mundo más muertes que los accidentes laborales. Es la fría exposición de un drama, la que sufren miles de familias, agrupadas en torno a la Asociación de Víctimas del Amianto de Euskadi (Asviame), que ayer presentó sus objetivos y demandas en Bilbao.

Apadrinado por el sindicato CC OO y por el consejero de Vivienda y Asuntos Sociales, Javier Madrazo, el colectivo resurge «para recuperar la memoria, socializar un problema que afecta a muchas familias» y exigir al Gobierno central «compensaciones económicas» para los afectados. «Nadie nos avisó del peligro que corríamos», denunciaron a una voz.

La sola mención de la palabra amianto les provoca un escalofrío. Trabajaron con este mineral durante años, cuando no sabían de sus consecuencias. Por su resistencia a las altas temperaturas, fue utilizado asiduamente como aislante en hornos, barcos, trenes o tuberías. Sus 'cualidades' propiciaron que las empresas vascas lo importaran «en masa» durante las décadas de los 70 y 80. Sectores económicos de tanto peso en Euskadi en aquella época como el siderúrgico, el ferroviario, los astilleros y las fundiciones hicieron «un uso indiscriminado» de una fibra cuya inhalación «puede provocar graves enfermedades que aparecen décadas más tarde».

«Que se haga justicia»

Aquellos trabajadores han empezado a notarlo ya. Y con virulencia, traducida a veces en cánceres. «Ya que no se va a recuperar la salud, que se haga justicia», exigió ayer Javier Madrazo. El Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales (Osalan) ha reconocido en al menos dos ocasiones que trabajadores enfermaron a causa de estar en contacto con el amianto, pero la consecución de logros por la vía judicial no es empresa sencilla. «Nos están poniendo muchos obstáculos. Ni empresas ni aseguradoras reconocen su culpa, por lo que nos metemos en largos pleitos inasumibles económicamente para muchos», lamentaba Olvido Herreras, portavoz de la asociación vasca.

Pero existen casos aún más dramáticos. «Los hay que no tienen a quien denunciar, ya que las empresas en las que trabajaron han desaparecido o cerrado. Y otros que tampoco tienen contra quién dirigirse porque la precariedad laboral les llevó de un sitio a otro durante años», añadía Ángel Cárcoba, experto europeo y autor del libro 'El amianto en España'.

Por ellos, Asviame va a emprender una campaña para «captar afectados» y solicitar al Gobierno que cree un fondo de indemnizaciones con el excedente que producen las mutuas. «No pedimos nada raro, sólo el mismo derecho que tienen miles de personas en otros países». En Reino Unido, Italia, Dinamarca o Suecia, la legislación ampara a los afectados . Francia destinará, según Cárcoba, 37.000 millones de euros a este problema en los próximos años.

Además de dinero, las víctimas de «esta sustancia asesina» reclaman vigilancia médica y apoyo social y psicológico. «Cuando se diagnostica la enfermedad es jodida y rápida. Pedimos que aquél que nos ha robado años de vida lo pague», exclaman.

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