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21 jul. 2008

Aire acondicionado sí, pero no por debajo de los 22º

El frío acarrea trastornos respiratorios y musculares, pero un mantenimiento deficiente supone el peligro más grave

Aunque pocos se atreverán a negar que el aire acondicionado ha supuesto un gran avance para la calidad de vida de las personas, muchos son los que lo consideran una amenaza para la salud. Algunas estimaciones hablan de que hasta una quinta parte de las bajas laborales en esta época del año serían por su culpa.

Naiara Brocal Carrasco. naiara.brocal@correofarmaceutico.com 21/07/2008
Sus detractores recuerdan además la amenaza de la legionelosis. Sin embargo, expertos consultados por CF coinciden en que los riesgos de la utilización del aire acondicionado son en general banales, que garantizando la limpieza de los aparatos se evitaría el riesgo de infección y aplicando la moderación en la regulación de las temperaturas, con un límite en torno a los 22 grados, se minimizarían las consecuencias más habituales de trastornos respiratorios y musculoesqueléticos.

"Las grandes diferencias de temperatura paralizan el movimiento mucociliar y favorecen el de bacterias colonizadoras, lo que contribuiría al aumento de enfermedades de vías respiratorias altas, como laringitis o faringitis, y complicaciones más graves en enfermos respiratorios", alerta Concha Prados, de Neumomadrid.

El aire de estos aparatos es un "irritante" de las vías aéreas que en algunas personas favorece "cuadros parecidos al asma bronquial", apunta Antoni Torres, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Clínico de Barcelona, que se manifiestan como "alergias inespecíficas" y son muy frecuentes.

Para Mario Saura, profesor de Medicina de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, es indudable que la utilización de aire acondicionado ha aumentado la incidencia de catarros de verano. El experto también advierte de que las corrientes de aire, los chorros direccionados, elevan en gran medida el riesgo de trastornos musculares.

Las infecciones se incrementan si los sistemas no garantizan la purificación del aire o, como ocurre con algunos vehículos, emiten aire del exterior abundante en micropartículas contaminantes.

El quid en este balance beneficio-riesgo reside en gran medida en la calidad del aire que emitan los aparatos. La revista de la Asociación Médica Canadiense publicaba la semana pasada un informe sobre contaminantes en interiores y señalaba que los usuarios de aire acondicionado que habitan en las grandes urbes registran en los días de máxima contaminación un menor índice de ingresos hospitalarios por eventos cardiovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y neumonía.

Limpieza
El presidente de la Asociación Nacional de Entidades Preventivas Acreditadas (Anepa), Juan Carlos Bajo, expone que una limpieza deficiente de los filtros y la acumulación de polvo, humo de tabaco y microorganismos y su posterior propagación favorecen las alergias, problemas respiratorios y picor de ojos.

No existe una legislación clara en cuanto a limpieza de filtros y conductos, que depende del aire de la zona en que se coloque (no es lo mismo un área rural o urbana), "aunque se recomienda realizarla siempre al inicio de temporada y cada dos meses aproximadamente".

Los contagios por la bacteria de la legionella se asocian a las enormes torres de refrigeración de grandes edificios y afectan a todo el entorno. "Cumpliendo la normativa actual no tendrían por qué producirse", afirma Bajo.

Cómo sobrevivir al cambio de temperaturas
Consejos para minimizar los riesgos para la salud del aire acondicionado.

- Temperatura: los expertos estiman que la temperatura debe estar en torno a los 24 grados, con dos grados por encima o por debajo de este margen. Es difícil establecer una temperatura al gusto de todos, y las mujeres, en general, suelen sentir más frío.

- Humedad: tiene que ser de entre el 40 y el 60 por ciento.

- Limpieza: el aparato debe garantizar un aire limpio a través de filtros, que se deben limpiar de forma periódica o disponer de algún sistema de auto-limpieza.

- Evitar las corrientes de aire: los chorros de aire dirigidos aumentan el riesgo de sufrir lumbalgias, tortícolis y otros trastornos musculoesqueléticos. Es mejor que el aire se reparta de manera uniforme.

- Ventilar de vez en cuando: los ambientes cerrados y la escasa renovación del aire se asocian, entre otros, al síndrome del edificio enfermo, que origina en las personas una serie de síntomas inespecíficos con componente alérgico.

Aire contaminado en interiores y ‘síndrome del edificio enfermo’

El síndrome del edificio enfermo está relacionado con los sistemas de climatización y ventilación y la escasa, o nula, renovación del aire con el exterior. Afecta sobre todo a personal de oficina que presenta síntomas inespecíficos como cansancio, dolor de cabeza, molestias de garganta y estornudos, explica Cristina Martínez, neumóloga de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

Un ciudadano estadounidense pasa alrededor de un 90 por ciento de su tiempo en interiores. En Europa probablemente el porcentaje no sea mucho menor, por lo que es de vital importancia garantizar la calidad del aire en ambientes cerrados. Investigadores canadienses coordinados por Robert Dales, de la Universidad de Otawa, han publicado un informe en Canadian Medical Association Journal en el que identifican los contaminantes más habituales en interiores, entre los que destacan el efecto carcinogénico del tabaquismo pasivo y del radón (gas radioactivo asociado a la construcción).

Los autores indican que la fuente principal de alergenos en el hogar son las mascotas y los ácaros. No existe consenso acerca de si la exposición a perros y gatos en los primeros años de vida aumentaría o reduciría el riesgo de desarrollar alergias.

La presencia de endotoxinas, favorecida por los animales con pelo, por el uso de humidificadores y la escasa ventilación, provoca una exacerbación de síntomas asmáticos. Sin embargo, los niños que se crían en granjas, donde los niveles de endotoxinas son más altos, presentan menores índices de atopia.

Tráfico
El tráfico rodado también perjudica con frecuencia al aire de interiores. La intoxicación por monóxido de carbono provoca dolores de cabeza, náuseas y fatiga, mientras que el dióxido de nitrógeno aumenta la hiperreactividad bronquial.

Otro de los agentes en el punto de mira es el formaldehído. En los hogares una fuente importante de este gas, del que se dice que aumenta los síntomas respiratorios, son los aglomerados de madera.

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