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18 oct. 2008

José Luis Castro Beceiro: “Duermo siempre con máscara de oxígeno por culpa del amianto”


Afectado por la enfermedad de asbestosis

Empezó a trabajar en la antigua Bazán a los 14 años, y a finales de los 80 le diagnosticaron una infección pulmonar por asbestos. Pero la dolencia del maligno metal se le reconoció oficialmente en 2002: “Y llevo todos estos años luchando sin parar”

PATRICIA HERMIDA. FERROL
Desde el sofá de su casa, José Luis ve la vida pasar. Le cuesta moverse, casi no baja a la calle, tiene que dormir con ayuda de oxígeno. Sólo tiene 64 años, pero se dejó cuatro décadas de piel en los astilleros. Entró con catorce años, un niño. Y salió como un número más de la triste lista de destrozados por el amianto: una foto de aprendices que se emborrona cada año con cada nueva pérdida.

A Castro Beceiro le diagnosticaron oficialmente la enfermedad de asbestosis en 2002. Esa fecha le sirve de referente para contarnos su historia personal, siempre ligada al mundo del naval. E incluso para tomarse su dolencia con ironía: "Como cuando llegaron unos comerciales para venderme una máquina que limpiaba el aire, y aprovecharse de mi situación".

Junto a tantos niños de la posguerra, empezó en los astilleros como aprendiz durante cuatro años. Después trabajó de operario de calderería hasta 1971. La mayor parte de su vida laboral, como bombero de Bazán, concluyó abruptamente en 1994 por un accidente laboral. Se rompió dos vértebras, pero también empezó a notar "los efectos de trabajar tanto tiempo sin protección ante el amianto". Como calderero, "hacía las mantas protectoras de las tuberías de calor, de las turbinas, siempre con ese material". Y con cero protección: "No teníamos guantes, y sólo disponíamos de un buzo para todo el año que después mezclábamos con la ropa en la taquilla". Cero protección y cero formación. "Hasta finales de los 70 no tuvimos gremio de seguridad, pese a que el amianto flotaba constantemente en el ambiente como un polvillo que tragábamos, sin mediciones", recuerda.

Todo aquel que operó en Bazán o Astano, y que ahora sufre asbestosis o dolencias pulmonares, tiene la siguiente pesadilla: el regreso al trabajo con el amianto, "sin mascarillas". La protección facial para evitar inhalaciones no llegó hasta los 80. José Luis, como sus otros compañeros, pasaba revisiones médicas anuales "del pulmón, la sangre... pero nunca te decían nada".

Cada obrero contaba con la conocida como "libreta negra: cartilla sanitaria en la que dibujaban los pulmones de la persona". Como mucho, al paciente le diagnosticaban unas manchas "y el neumólogo te decía que era por un catarro mal curado, por fumar... aunque nunca cogieras un cigarro". Hasta que José Luis llega a finales de los 80, en el apogeo de su vida laboral. La empresa le reconoce una infección pulmonar por asbestosis. Y le cambia por completo la vida.

Primero logra la incapacidad, pero por el accidente sufrido durante el trabajo. Pero ya en su hogar comienza a sufrir graves malestares respiratorios y agotamiento. Su mujer, Ana Grueiro, asiste como preocupado testigo: "Veía que él ya no dormía, que se cansaba, incluso que se orinaba de noche". José Luis también rememora los primeros síntomas del irreductible mal: "Me despertaba por la noche con sobresaltos, hasta que en la residencia me encontraron un grave envenenamiento de la sangre".

Pasó entonces 22 días ingresado en el Novoa Santos, con oxígeno las 24 horas. E inició la rueda de hospitales para aminorar los defectos de una enfermedad sin marcha atrás. "En el Instituto de Silicosis de Oviedo, me diagnosticaron placas pleurales y después múltiples manchas en el pulmón. Hasta que reconocieron la asbestosis hace seis años", rememora José Luis. En la empresa le reconocieron la incapacidad total por enfermedad común, "y desde entonces llevo todos estos años luchando sin parar". Como todo enfermo del amianto, también inició la ronda de juicios contra los astilleros. "En primera instancia siempre ganamos a la empresa, pero Navantia o la antigua Izar recurre todo. En mi caso, llevo tres años con el recurso y mi causa se encuentra en el TSXG, también pedimos un recargo de las pensiones", comenta. Y tuvo que asociarse con otros enfermos, en Agavida, para lograr el apoyo social.

Una víctima de la asbestosis puede aguardar "cinco o siete años sin resolución". Mientras tanto, la foto de los aprendices de los 60 sigue desdibujándose. "La empresa quiere alargar esto, porque por el camino caen muchos antiguos trabajadores y se queda sin víctimas", asevera José Luis. Según el doctor Carlos Piñeiro, uno de los principales apoyos del colectivo, la mortalidad ronda el 9% y hay 22 fallecimientos al año en la zona de Ferrol. Sólo la residencia Arquitecto Marcide atiende a 1.050 enfermos del amianto.

Según José Luis, "en otras comunidades autónomas los jueces están más concienciados, y aquí te piden informes imposibles". Sigue su rutina en Oviedo o en el Marcide, "con una enfermedad dormida, que en dos meses te puede obligar a un transplante". Él duerme "con máscara de oxígeno desde hace nueve años, no puedo andar largas distancias y me fatigo". Con su promoción de 1959 entraron 113 chavales de 14 años en los astilleros. En la última cena de empresa sólo se presentaron 70: "Los demás habían muerto y la mayoría por el amianto, en una enfermedad sin cura que te seca los pulmones".

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