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24 nov. 2008

Fibromialgia: El dolor de la discordia

Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre esta patología. Mientras tanto, los pacientes siguen buscando alivio.

Cómo te sentirías si llevaras años padeciendo los síntomas incapacitantes de una enfermedad cuya existencia se cuestionan hasta los médicos? Es lo que les ocurre a los afectados de fibromialgia, un trastorno desconcertante que sufre al 2,4% de los mayores de 18 años, el 90% de ellos mujeres, caracterizado por un serie de dolores crónicos que no alivian los analgésicos convencionales.

Fatiga que no mejora con reposo, trastornos del sueño, rigidez en las extremidades, síndrome de colon irritable, depresión y crisis de ansiedad acompañan a menudo al dolor en este padecimiento cuyo origen sigue siendo desconocido.

Esperanza y polémica

Una cosa sí es nueva: como la fibromialgia apenas responde a los analgésicos y antiinflamatorios, los laboratorios están lanzados a la búsqueda de nuevos fármacos que influyan en los mecanismos de percepción del dolor. Y aún hay más. La aprobación del anticonvulsionante pregabalina (Lyrica), como tratamiento específico del dolor de la fibromialgia y la aprobación de dos antidepresivos –Duloxetina (Eli Lilly) y Milnacipran (Pierre Fabre)–, para los síntomas psíquicos de la enfermedad por las autoridades sanitarias europeas, podrían empezar a otorgar carta de legitimidad a la fibromialgia.

Y es que un sector de los especialistas continúan sosteniendo que la fibromialgia “no existe como enfermedad” y que fármacos como la pregabalina van a ser administrados a millones de personas que no los necesitan. “El diagnóstico de fibromialgia agrava el sufrimiento de muchas personas que acaban etiquetándose como enfermas y obsesionándose con dolores que la mayoría de la gente tolera sin más”, señala el dr. Nortin Hadler, reumatólogo y profesor de Medicina en la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.).

Este experto también advierte de los efectos secundarios de la pregabalina (aumento de peso, edema, mareos, somnolencia) y otros fármacos que, “son más reales que la enfermedad que intentan combatir”. Mientras, la Organización Mundial de la Salud, las autoridades sanitarias europeas y españolas y la Sociedad Española de Reumatología (SER) siguen defendiendo la fibromialgia como un trastorno “diagnosticable”.

El dr. Javier Rivera, reumatólogo y portavoz de la SER, cree que la enfermedad no sólo está infratratada, sino que los afectados son estigmatizados como “quejicas crónicos”. “Los fármacos específicos que ya están en las farmacias y los que están a punto de aprobarse con esa indicación podrían animar a los médicos a tratar debidamente esta enfermedad”, señala el dr. Rivera, “lo que va a suceder con la fibromialgia es lo mismo que sucedió con el Prozac y la depresión: el fármaco ayudó a reconocer la realidad de una enfermedad infratratada”.

Una prueba de que esta patología existe la aportan los escáneres cerebrales de pacientes con fibromialgia, que muestran diferencias en las zonas que procesan la percepción del dolor. Carmen Alonso, de 55 años, lo sabe por experiencia: “Después de toda una vida con dolores y cansancio a los que nadie encontraba explicación, hace 10 años me diagnosticaron fibromialgia y fatiga crónica y me dieron la incapacidad laboral.

Ahora, con tratamiento farmacológico y el apoyo de la Asociación Guipuzcoana Bizibide de Fibromialgia y Astenia Crónica, me encuentro mejor. Su ayuda me permitió llegar a una situación en la que pensé: los dolores van a seguir y yo tengo que continuar con mi vida. Voy a recurrir a todo lo que me pueda ayudar, empezando por mí misma”.

Difícil diagnóstico

El gran problema de la fibromialgia es que no existen pruebas biológicas ni radiológicas capaces de identificar la enfermedad. Nadie ha podido establecer tampoco la relación con causas biológicas o del entorno. Por ello, médicos y afectados se mueven en la niebla. Los primeros, por falta de pruebas objetivas. Los segundos, porque el dolor que sufren parece surgir de algún lugar que ni la ciencia conoce.

El dr. Frederick Wolfe, director del Banco Nacional de Datos para Enfermedades Reumáticas de EE.UU. y autor del trabajo que, en 1990, definió las guías diagnósticas de esta patología, ha cambiado radicalmente de opinión y ahora afirma que, más que una enfermedad, estos síntomas son una respuesta al estrés, la depresión y la ansiedad social y económica.

“Nos equivocamos presentando como enfermos a personas que no lo eran”, ha explicado en una entrevista reciente para frustración e incluso indignación de muchos pacientes. “La mayoría de la gente sigue con su vida a pesar de sentir estas molestias”, señala a su vez el dr. George Ehrlich, profesor de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.). “La diferencia de las personas con fibromialgia es que no se adaptan”, concluye.

Nuevos fármacos

La pregunta sería: ¿qué diferencias existen en el “umbral de adaptabilidad” en esas personas que puedan ser tratadas y alivien su sufrimiento? De momento, la pregabalina, que se une a los receptores del cerebro y de la médula espinal, parece reducir la actividad del sistema nervioso central.

En los ensayos clínicos, los pacientes indicaban una reducción de dos puntos en una escala del dolor de 10, en comparación con el punto de los que tomaron un placebo. Y en cuanto a los fármacos de Eli Lilly y Pierre Fabre que buscan la aprobación para tratar la fibromialgia en la UE, sus efectos positivos parecen ser independientes de sus efectos antidepresivos.

En los ensayos clínicos, incluso los pacientes no deprimidos consiguieron alivio con ellos. Algunos expertos creen ahora que antidepresivos y pregabalina podrían tener un efecto sinérgico si se utilizaran conjuntamente. Dolor real. El dr. Wolfe no está entre los defensores de esa idea: “Mientras la ciencia sigue intentando averiguar qué produce los síntomas de fibromialgia, los laboratorios continuarán engrosando sus cifras de ventas”.

Como portavoz de la SER, el dr. Rivera puntualiza: “Cada día acuden a las consultas de los reumatólogos españoles miles de personas con síntomas de fibromialgia que buscan alivio a su problema. El suyo es un dolor real, que en el 60% de casos conduce a algún tipo de incapacidad laboral y en el 11% de los pacientes, a la total. Negar la existencia de esta enfermedad es un retroceso y supone un agravio para los que la sufren y ven su vida alterada por ella”.

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