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28 jul. 2011

Riesgo radiológico en los alimentos

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Los componentes radioactivos llegan a los cultivos, al agua potable o a la de mar y contaminan los alimentos procedentes de estas fuentes


La contaminación radioactiva es la presencia no deseada de compuestos radioactivos en el medio ambiente. Evitarla es una tarea compleja, ya que ciertos compuestos radioactivos forman parte de la corteza terrestre o se generan en la atmósfera de manera natural cuando entran en contacto con rayos cósmicos. El mayor problema aparece cuando, por la acción humana, esta radiación natural se halla en concentraciones mucho más elevadas. Es cuando se habla de contaminación radioactiva.

  • Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

En los alimentos, la radioactividad también puede aparecer de manera natural, fruto de la radiación presente en el suelo, en el aire o en el agua. La contaminación natural de las rocas también puede llegar de forma fácil a los cultivos, al agua potable, que la absorbe del suelo, y al pescado y marisco, que la captan del agua del mar. El problema deriva de la sobrecarga de radioactividadque supone la actividad humana.

Fuentes de radioactividad

Cuando se detecta una sobrecarga de concentración radiológica, los alimentos sufren una contaminación accidental. En la mayoría de los casos, se intoxican por focos radioactivos debido a la producción de energía nuclear, de la radioterapia, de la medicina nuclear y de una gran diversidad de industrias que generan importantes cantidades de residuos radioactivos, que aumentan su concentración y pueden llegar a ser muy peligrosos.

Los componentes radioactivos pasan a través de la cadena alimentaria de la misma manera que la radioactividad natural y llegan a los cultivos, al agua potable o a la de mar. La gravedad del riesgo, por tanto, recae en la cantidad de contaminantes emitidos en el medio ambiente; cuantos más haya, mas habrá también en los alimentos.
La entrada principal de los radionucleidos a los alimentos se registra mediante la adsorción desde el suelo o su deposición en las plantas desde la atmósfera. La entrada a la cadena alimentaria puede ser por consumo directo de alimentos contaminados, como vegetales, o por ingesta indirecta, como leche o derivados lácteos procedentes de animales alimentados con pastos contaminados.
Ambos casos se consideran radiocontaminación y, aunque algunos estudios realizados hasta la fecha demuestran que la población española está expuesta a unos niveles muy por debajo de los límites de seguridad y que las dosis ingeridas son muy bajas, el cuerpo humano no dispone de mecanismos de descontaminación, lo que puede suponer una acumulación en los tejidos. Además, ciertos radionucleidos son afines a los tejidos del cuerpo humano y facilitan su progresiva acumulación.

Los más contaminados

Los cultivos y la leche son los alimentos que más concentración de radioactividad acumulan y, a su vez, sirven de indicadores para determinar si una zona está contaminada. Un ejemplo es el cesio, elemento radioactivo que se fija a las raíces de algunos tubérculos. El marisco es otro de los alimentos más susceptibles a la contaminación radiológica y el que más radiación natural concentra. Una persona que consume de forma habitual ostras, almejas o moluscos puede recibir hasta un 50% más de radiación que con otros productos. La acumulación de radiación en las rocas es el principal responsable.
Algunos de los elementos radioactivos tienen la peculiaridad de descomponerse en periodos de tiempo bajos, con lo que no suponen ningún peligro si ocurre algún accidente nuclear o si se registra una acumulación desmesurada de yodo, entre otros. Sin embargo, los hay de vida mucho más larga, que se mantienen en el ambiente durante muchos años y se convierten en contaminantes permanentes, como es el caso del cesio que, hoy en día, y 25 años después, aún persiste en el ambiente de zonas donde ha ocurrido algún accidente nuclear.

Medidas de control

En caso de accidente nuclear, una de las primeras medidas protocolarias internacionales de actuación es controlar los alimentos y el agua, tanto para la exportación como para el consumo. Sin embargo, y sin llegar a casos extremos, se realizan controles rutinarios de todos los alimentos que llegan de otros países a la Unión Europea. Se llevan a cabo inspecciones en las aduanas de todos los productos que entran o salen, se estima el riesgo radiológico potencial para la población y se determina, en cada caso, la necesidad de establecer alguna medida correctora.
Los Estados miembros informan a la Comisión Europea de todos los resultados analíticos a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF) y del Sistema Comunitario de Intercambio de Informaciones Radiológicas Urgentes (ECURIE) para iniciar, si es necesario, el protocolo de retirada de productos y cierre de fronteras.


LEGISLACIÓN

Unos límites internacionales ponen cerco a la concentración de radionucleidos en los alimentos de comercio internacional y hacen especial hincapié en épocas posteriores a cualquier emergencia nuclear o radiológica. Estos límites se rigen por las siguientes normativas internacionales:
  • Reglamento (Euratom) número 3954/87, que determina la tolerancia máxima de contaminación radioactiva de los productos alimentarios y los piensos después de cualquier emergencia nuclear o radiológica.
  • Reglamento (Euratom) número 944/89, que establece las tolerancias máximas de contaminación radioactiva de productos alimentarios secundarios después de una emergencia nuclear o radiológica.
  • Reglamento (Euratom) número 770/90, que establece las tolerancias máximas de contaminación de los piensos después de una emergencia nuclear o radiológica.
Todos estos límites se aplican una vez que la Comisión Europea recibe la información de un accidente nuclear que ponga de manifiesto la posibilidad de superar los límites máximos de contaminación radioactiva en los alimentos y en los piensos.

EROSKI CONSUMER

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