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20 abr. 2008

El enigma del dolor crónico

Montoya en las instalaciones de la UIB donde llevan a cabo las investigaciones. Foto: B. Ramón.


Un equipo de la UIB analiza la dinámica de la actividad cerebral en pacientes que sufren este mal


N. TOGORES. PALMA. Aunque el dolor es considerado un mecanismo de defensa del organismo que se activa para evitar que una lesión se agrave, a veces, esta alarma deja dispararse sólo en los momentos de peligro y permanece siempre en marcha sin que exista, a priori, un desencadenante orgánico del sufrimiento. Así, entre un 20% y un 30% de la población se queja de alguna clase de dolor persistente, es decir, aquel que se prolonga durante al menos seis meses. Entre estas personas se hallan los afectados de fibromialgia -entre un 1% un 3% de los españoles.

Este ha sido el punto de partida de la investigación que, desde principios de esta década, está llevando a cabo un grupo de neuropsicólogos de la UIB, cuyo objetivo es analizar la dinámica de la actividad cerebral en pacientes con dolor crónico, según ha difundido la institución académica.

Este equipo está liderado por el profesor Pedro Montoya, quien señala que las personas afectadas de dolor crónico sufren mucho, frecuentemente causan baja laboral y se sienten incomprendidas al recibir el rechazo de la medicina.

"Lo que sucede es que la medicina trabaja de forma mecánica. Si uno tiene dolor, el médico le receta una pastilla; si el dolor continúa; le receta otra pastilla y cuando ya lleva diez, el médico le dice que no le puede ayudar", explica Montoya. Estos pacientes van de un facultativo a otro buscando una solución y se sienten mal porque no dan con una etiqueta que permita clasificar su mal y ponerle solución. A veces, incluso, ven cómo se cuestiona la veracidad de su dolor.

Un fenómeno cerebral
La investigación, que está dividida en tres proyectos y todavía no ha finalizado, ha permitido extraer por ahora dos conclusiones, tal y como explica el propio Montoya. La primera es que, en contra de lo que se pensaba hasta el momento, la percepción del dolor es un fenómeno cerebral. La segunda, que el cerebro de los pacientes crónicos funciona de forma completamente diferente al de las personas sanas y, entre otras cosas, a la hora de procesar el dolor, se deja influir por factores externos o emocionales. ¿Por qué? Todavía no hay respuesta para ello.

Tal y como ha dado a conocer la UIB, en una primera etapa de la investigación, que concluyó en 2005, el equipo llevó a cabo un estudio mediante electroencefalografía que permitió confirmar algo que ya se apuntaba en la literatura científica relativa a la fibromialgia: que los pacientes con dolor crónico tienen un mecanismo de recuerdo del dolor distinto del que tiene un individuo sano. "En el caso de las personas con fibromialgia los experimentos muestran que la disfunción se halla en los mecanismos de inhibición. Al fallar este freno, el cerebro responde igual a un estímulo continuado", señala el documento difundido por la UIB.

No sólo eso, mientras que los individuos normales, ante un determinado estímulo que se repite, se van acostumbrando, las personas con dolor crónico experimentan todo lo contrario, sufren una sensibilización progresiva. Al mismo tiempo, según han podido comprobar los investigadores, la respuesta de los pacientes con dolor crónico ante un estímulo doloroso no es la misma si estos están en una situación de relajación y emocionalmente positiva que si están estresados o deprimidos.

Los proyectos siguientes en los que se embarcó el equipo de neuropsicólogos, que se extenderán hasta 2010 y para los cuales se ha recurrido a la resonancia magnética, han permitido comprobar que las áreas implicadas en el procesamiento del dolor y la forma en que se comunican ante este tipo de estímulo son distintas en el caso de personas afectadas por dolor crónico respecto a aquellas que no sufren este mal.

Así, mediante experimentos realizados con personas afectadas se constató que, según estuvieran acompañadas o no, las áreas del cerebro implicadas en el procesamiento de un estímulo doloroso eran distintas. "En cambio, cuando el experimento se hacía con un grupo de control de personas sanas no había ninguna diferencia en el procesamiento en función del contexto", recoge el estudio. Así, Montoya considera que la presencia de una persona que acompaña y apoya al paciente reduce la percepción del dolor.

Cabe recordar que la fibromialgia, mal que padecen entre el 1% y 3% de españoles, se diagnostica cuando, una vez se ha descartado otras enfermedades, el paciente muestra dolor generalizado y es sensible a más de once puntos de los 18 que aparecen en la figura.



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