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13 sept. 2009

Miedo al dolor


No sólo es el síntoma más común. Puede convertirse en una enfermedad en sí misma. Ostenta además el número uno de la lista de todos los temores del siglo XXI.


Resulta paradójico que el miedo al dolor físico (algofobia) –que no es únicamente una experiencia sensorial, ya que también implica múltiples factores psíquicos y emocionales– sea el temor más acusado en el siglo XXI. En la segunda mitad del XX era el miedo a volar, por ejemplo. Antes, el de ser enterrado vivo. Y esta paradoja se explica porque nunca como hasta ahora ha habido en la medicina tanta sensibilidad para que el paciente no sufra por dolor. En los últimos 15 años han aparecido más medicamentos analgésicos que en todo el resto de la historia de la farmacología.

Según la Fundación Grünenthal, con gran experiencia y estrecha relación con la Sociedad Española para el Estudio del Dolor (SED), nueve millones de españoles sufren dolor y éste representa el principal motivo de consulta al médico. Entre el 40% y el 80% de las visitas están relacionadas con él.

Los mismos datos revelan que el 54,9% de los españoles ha sufrido algún tipo de dolor en los dos últimos meses. Suelen sufrirlo más las mujeres (62,4%) que los hombres (46,3%) y se incrementa la prevalencia con la edad.

“La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor lo define como una experiencia sensorial o emocional desagradable, que molesta e impide realizar tareas diarias. Es una alerta del organismo de que algo no funciona bien. Siempre hay un componente subjetivo, que lo hace aún más complejo de valorar”, señala Manuel Rodríguez, anestesiólogo y jefe de la unidad del dolor del hospital Carlos Haya de Málaga.

Según este especialista, el dolor crónico, que sufren 50 millones de europeos, es el que más interfiere en la calidad de vida del paciente: produce sufrimiento, origina alteraciones emocionales y psíquicas que afectan a su conducta, genera miedo incluso más que a la muerte, causa alteraciones en el sueño, llega a producir depresión (en el 29% de los casos), un gran absentismo laboral y puede ser causa de incapacidad laboral. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que puede dejar de ser un síntoma para convertirse en una enfermedad en sí.

El coste económico que suponen en España los tratamientos contra el dolor crónico asciende a más de 15.000 millones de euros anuales. Se integran las bajas laborales, los gastos por estancias hospitalarias y fármacos. Casi el 80% de las prescripciones de analgésicos se hace en el ámbito de la atención primaria. Y, según los propios pacientes, el médico de cabecera parece estar más preocupado por la causa del dolor que por éste.

Los expertos de las unidades hospitalarias de dolor españolas demandan que los facultativos de atención primaria “reciban formación específica e incluyan la medición del dolor como quinto signo vital, junto a la toma de la presión arterial, la temperatura, la respiración y el pulso”. A pesar de que hay subjetividad en la percepción del dolor, existen escalas para medirlo. Una es la escala visual analógica (EVA), por la que el paciente puntúa de 1 a 10 su sensación.“Cuando un paciente consulta por dolor, el médico debe realizar una rápida evaluación de los síntomas e iniciar un tratamiento analgésico sin esperar a determinar la causa que genera el dolor”, subraya el doctor Rodríguez.


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